MARCELO DE MANUEL

Inauguramos la sección con Marcelo de Manuel, alcalde de Palencia de 1995 a 1999 por el PP.

¿Cómo vivió la muerte de Franco? 

Cuando Franco murió yo estaba en Madrid, estudiando y preparando las oposiciones al Ministerio de Trabajo. Yo creo que los estudiantes la vivimos como casi todos los españoles, como una cosa que tenía que llegar, que no era eterna. Había cierta incógnita en qué iba a pasar, aunque yo creo que tampoco era para tanto, pues el nombramiento de Juan Carlos como heredero a título de rey ya nos hacía tener una idea. Juan Carlos cayó bien al pueblo y trajo tranquilidad. Arias Navarro, entonces presidente, era el principal obstáculo, era la continuidad del franquismo, por lo que era necesario apartarle.  

Se vivió con tranquilidad, es decir, el país no se alteró, la vida seguía siendo normal. Se olvida que España había ido a más en los últimos años; éramos un país liberal en lo económico y muy mediatizado en lo político. España ya era un país referencia y preferente en la Unión Europea y eso daba seguridad y dinero. La economía estaba lanzada y no había quien la parase. 

¿Cuál es su opinión respecto a la legalización de los sindicatos y de los partidos izquierdistas, como el socialista y el comunista? 

La carrera de economía la estudié en Bilbao y allí la situación era muy distinta a la del resto de España. El nacionalismo y especialmente ETA estaban muy activos, muy violentos, y los grupos radicales de izquierdas también estaban muy presentes en la vida social. Definitivamente se vivía de otra manera. El sindicalismo ya existía en España y aunque era vertical, no nos engañemos, Comisiones Obreras ya estaba ahí. Todos los ingenieros laboralistas estaban metidos en sindicatos, ya fuese como funcionarios o de cualquier otra manera. El PC y CCOO estaban presentes en la última etapa de Franco en todas las instituciones, pues eran quienes realmente luchaban contra el régimen, no como UGT y el PSOE.  

Con esto quiero decir que no fue una gran novedad, los sindicatos ya existían y en lo laboral y social gozaban de mayor libertad. El problema derivaba cuando tocaban lo político y se oponían al régimen. El miedo a una involución favoreció mucho las negociaciones con los partidos políticos que estaban reprimidos por el franquismo, pero ojo, esos partidos habían existido en todo momento y estaban muy organizados, no habían surgido de la noche a la mañana.  

¿Cómo recuerda las elecciones de 1977, las primeras tras la dictadura? 

Esto sí que fue novedad, y la novedad gusta. Es curioso, hacíamos colección de chapas y pines de todos los partidos, todo el mundo lo hacía. Se presentaron una gran variedad de partidos, por ejemplo, el Partido Comunista se presentaba dividido en varios partidos: el Partido Comunista de los Pueblos de España, el Partido Comunista de los Trabajadores de España… La izquierda siempre ha estado muy dividida, al igual que hoy en día. Se trataba de organizar un país con un sistema monárquico y de estas elecciones salieron una Constitución y una ley electoral que de alguna forma han marcado la actualidad de España, para bien en muchos casos y para mal en muchos otros. Uno se asombra cuando oye decir al señor presidente que hay que cambiar la ley electoral cuando esta es fruto del consenso. Hay que soportar que un partido con un millón de votos tenga 4, 5 o 6 diputados y que otro con doscientos mil votos, pero muy localizado, forme un grupo político y haya que contar con ellos, cosa que ha ocurrido desde estas primeras elecciones hasta hoy con esos grupos nacionalistas. Este es uno de los precios que se pagaron por la Constitución.  

¿Cree usted que la Constitución debería adaptarse a la actualidad y por lo tanto sufrir una serie de cambios o por el contrario cree que esta debería permanecer igual? 

Vamos a ver, la Constitución desde su propia creación se crea dinámica, es decir, ella crea sus propios mecanismos porque ya entienden los propios constituyentes que habrá que adaptarla a los tiempos y a la forma. El problema está en que hay capítulos que no se desarrollaron porque no dio tiempo, así de sencillo. En muy poco tiempo había que elaborar una Constitución, ir a unas elecciones, crear un gobierno democrático… Lo menos importante era quizá el desarrollo mucho más concreto de este elemento. 

 Por ejemplo, una de las cosas más olvidadas de la Constitución es el municipalismo. Yo me considero muy municipalista y creo que así lo era España. En nuestro país se crearon las comunidades autónomas y se olvidó el este punto tan importante. No existe una ley de financiación municipal, sigue existiendo lo mismo que había con Franco, si es que no ha cambiado prácticamente en nada. Habría que aclarar qué competencias son de la diputación, qué competencias son de las autonomías y qué competencias son municipales. Hubo que primar mucho las comunidades autónomas porque se creía que era la manera de unir a España. Se crearon autonomías básicamente porque no podían nacer estados federales, ya que así reconocíamos a Cataluña y al País Vasco como Estados independientes y nunca lo han sido.  

Por tanto, creo que hay que desarrollar, no modificar, porque muchos puntos quedaron pendientes de desarrollo. 

¿Entonces suprimiría antes las autonomías?  

Las comunidades autónomas te podrán gustar o no, pero la historia no va a dar marcha atrás. Lo único que pienso es que todo esto debería estar definido. El problema no es que existan las cosas o no existan, el problema es que si existen deben tener un contenido, una función razonable y todo el mundo debe saber para qué han sido creadas. Y si no queremos que existan, pues sería un elevado coste que todos los españoles nos ahorraríamos. Entonces todo esto deriva de una Constitución, por supuesto exitosa porque ha durado 40 años, pero también hecha con prisas.  

¿Cree que era necesaria la concesión de cierta independencia a todas las comunidades, entre ellas las históricas, mediante la creación de las autonomías? 

Eso hay que entenderlo, si es histórico el País Vasco, pues mucho más histórica es Castilla o mucho más histórico es León. Lo que se hizo ahí fue un juego político de administración territorial. No puedo entender que Santander o La Rioja no estén en Castilla. El caso es que había que contentar a todos, y como ya he dicho anteriormente había mucho miedo, entonces se creó esta forma de organización territorial que en muchas ocasiones no entiendo. 

Pero cuando usted habla de ese miedo, ¿a qué se refiere exactamente? 

Pues miedo a que esto acabase en una involución, a que volviésemos al año 36. Había que vivir España en ese año; se había declarado la independencia de Cataluña, salió el ejército en Asturias, Cartagena pedía la independencia, es decir, estábamos en un punto en que no se sabía muy bien quién mandaba. Con esto no estoy justificando los 40 años de dictadura, pero el golpe de estado que se dio en el 36 tenía que haber durado 24 o 48 horas y haber convocado unas nuevas elecciones.  El problema está en que no es fácil acabar con 40 años de dictadura. 

¿Cuál es su opinión respecto a la ley fundamental para la Reforma Política? ¿Cree que era necesaria? 

Torcuato Fernández-Miranda era un hombre muy franquista pero también muy listo. Era totalmente consciente de que la dictadura no podía continuar. Torcuato contaba con todo el apoyo del rey y fue uno de los grandes precursores de la transición. Lo que hizo este hombre fue elaborar una transición legal con el objetivo de que nadie luego pudiese echar en cara que se había hecho a la fuerza o saltándose las normas. Se crearon esos instrumentos legales para justificar y dar legalidad a lo que se estaba haciendo. En mi opinión fue un acierto y prueba de ello es que nunca nadie ha rebatido este punto. 

¿Qué tres personajes considera usted claves en la transición? 

El primero ya te lo he nombrado varias veces, Torcuato Fernández-Miranda, que para mí ha sido el gran pensador. En segundo lugar, el Rey, pues pudo inclinar la balanza de un lado a otro, pero miró por él y por su reino. Y en tercer lugar ese sector franquista y tecnócrata, pero consciente, consciente de que el régimen había llegado a su fin y de que era el turno de la democracia. No conozco ningunas Cortes en las que todos los representantes hayan votado por irse, fueron capaces de echarse con su propio voto. El franquismo no sólo era Franco, era un montón de instituciones, de intereses, de ramificaciones que había que desmantelar o pulir de alguna manera. 

¿Crees que el Rey actuó bien durante estos años? 

Pues fíjate, no le han echado y se le ha perdonado todo, hasta la cacería de elefantes. Fue ejemplar con el golpe de estado de Tejero, dio un paso muy difícil, se jugaba el reino. 

¿Se llevó a cabo entonces una transición consensuada en todo momento? 

Sí, sí, sí, por supuesto. Yo personalmente estoy convencido de que se hizo muy bien. 

¿Cambiaría algo del proceso? 

Yo creo que no, creo que se hizo todo y se hizo bien. Lo que más me molestó es que después de la transición se olvidaron de que había que seguir trabajando. Empezó la política, empezaron los partidos, las elecciones y se olvidó un poco el país. Por ejemplo, la ley electoral debería haberse cambiado ya, al igual que el sistema de financiación municipal; habría que haber delimitado las funciones claras y taxativas del Estado y de las Comunidades Autónomas… Se olvidó que la Constitución era un libro que había que modificar desarrollando algunos puntos pendientes y añadiendo otros nuevos. Insisto, entre esos fallos se encuentran la transferencia de competencias a las autonomías, el municipalismo… Quizá sea el momento después de 40 años de corregir estos errores. 

¿Cómo vivió usted el 23-F y por qué cree que fracasó? 

Sólo pensar que de alguna manera podía resucitar el general hizo temblar al país lo que no se puede imaginar. Por eso digo que el miedo fue un elemento fundamental, fue el que hizo que muchas voluntades no tirasen las piernas por alto, se llegasen a acuerdos increíbles y como dice Fraga, “hicieras compañeros de cama de los más raros”. Cuando Tejero pegó el pistoletazo empezaron a salir de España gente, papeles, fue una locura. El Rey entendió que su reino tenía que ser democrático y así lo decidió. Aquí se vio el valor del Rey como mando del ejército, que ordenó a este que parase y así fue. Creo que se detuvo muy pronto, pues la apoyaron únicamente militares y muy pocos. 

¿Cuál cree que fue la clave de la transición? 

La clave fue el español, el ciudadano español que demostró tener una madurez mucho mayor a la que la gente pensaba. Se hizo una transición en la que el ciudadano se empapó en la democracia, en la política y en los partidos, era una lección diaria de lo que iba a ser este período. Hubo una sensación de que el pueblo aceptó lo que estaba ocurriendo con una normalidad excepcional; no hubo una voz más alta que otra. Sin el ciudadano español ejemplar habría sido imposible alcanzar la democracia. 

¿Cree que en la actualidad estamos aún en proceso de transición u opina que hemos alcanzado el punto álgido de la democracia? 

Creo que eso solo interesa a 4. No se puede estar toda la vida en proceso de transición y no estamos en proceso de transición, somos un estado democrático con todos los derechos, con todas las cosas buenas y con todas las cosas malas. Tan bueno o tan malo como Inglaterra, como Francia, como Alemania o como cualquier otro. Se acabó la transición, ahora estamos en un régimen democrático, con unas instituciones y unas normas consolidadas, con un Estado de derecho que se encarga de disminuir cada vez más el poder de los políticos. Yo voto siempre a aquello que quita poder a los partidos políticos, que sean las instituciones y la justicia las que tengan el poder. Hablar de transición es llamar al ciudadano español cojo y este demostró con creces que estaba preparado para algo así, sin violencia y con libertad de expresión. 

Cuando piensa en la Constitución de 1978, ¿cuál es el punto que considera más importante? 

El cambio que más se notó en España fue la libertad política. En lo demás teníamos unas leyes fundamentales muy buenas, algunas tan importantes que siguen existiendo. Las leyes de ahora son una locura, cada vez que un partido alcanza el poder elabora una nueva ley. Es una locura que en España existan 17 leyes de industria, alguien tendrá que sentarse en una mesa y decir qué pasa. ¿Cómo es posible que el 90% de la legislación de industria sea europea y no tengamos más remedio que transcribirla a nuestra normativa?  Y además hay 17 leyes de industria, una por cada comunidad autónoma.  

Os voy a contar una anécdota. Para ser profesional, la ley de industria, que es una reminiscencia del franquismo, obliga a tener unos carnés: carné de instalador electricista, carné de instalador fontanero… En algunas comunidades como la cántabra no se incluyó el carné de fontanero, entonces en Cantabria ser fontanero es como ser albañil. Entonces un muy buen fontanero de esta comunidad vino a Palencia a hacer la instalación en un edificio de muchos pisos y cuando fue a darla de alta no se la pudimos dar porque la instalación no la había hecho un fontanero. Tuvo que crear una empresa de instalador de fontanería, darse de alta en Castilla y León y sacarse el carné de instalador para poder facturar su propia obra, es una locura. Incluso nosotros le dábamos la razón, pero no podíamos hacer nada, es la ley.  

¿Cree que en la actualidad hay enfrentamientos provocados por la transición? Es decir, por distintos puntos de vista sobre esta, por puntos no aclarados… 

Lo tengo clarísimo. Por un lado está la ley electoral, que como ya he dicho hay que cambiarla, y por otro lado es un tema del que hemos hablado y que hay que despolitizar totalmente, el tema competencia. Cuando estaba de secretario general en Presidencia llevaba la comisión de secretarios y aquí nos llegaban todos los proyectos ley. Los estudiábamos y los debatíamos para decidir si sí o no. Me preguntaba dónde estaba el informe económico, y es que eso en España no importa. Una ley cuesta, y hay que saber cuánto cuesta y de dónde va a proceder ese dinero. Aquí en España se aprueban las normas y nadie sabe lo que cuesta ni de dónde sale el dinero. Las comunidades autónomas deben definirse porque han supuesto un gran problema en algunos casos, como en el separatismo catalán. 

Para finalizar, ¿podría valorar de forma personal y global la transición? 

La transición era totalmente necesaria, había que pasar de un sistema que no tenía razón de continuidad, porque su razón era Franco y el general murió, a un sistema democrático. Quizá podría haber sido un sistema intervenido o algo así, pero España había perdido el tren europeo. Teníamos que haber sido un país fundador de Unión Europea y no lo fuimos por Franco. Teníamos que adaptarnos. Recuerdo una conferencia en la que un alumno le preguntaba a Fuentes Quintana por qué era tan importante entrar en Europa si España era una gran nación. La contestación de Quintana no pudo ser mejor: “Europa es el tren del desarrollo y España tiene que montarse aunque sea de vagón váter”. Era una obligación que nuestro país fuese Europa, y por ello necesitábamos un cambio, una apertura, la democracia. 

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar