A continuación, elaboraremos una conclusión en la que trataremos, desde nuestro punto de vista, los asuntos que más se han repetido durante todas las entrevistas.

1.La desafección política.
Con el paso de los años, la política ha ido adquiriendo una connotación negativa asociada a la traición, la inutilidad o la corrupción, incluso el historiador estadounidense Henry Adams la definió como “la organización sistemática del odio”. Esto ha provocado que el ciudadano se haya ido alejando poco a poco de, probablemente, la ciencia que más le concierne. Fue con la llegada de la democracia cuando el pueblo comenzó a experimentar ese hartazgo hacia la política, pero precisamente, este sistema debería favorecer la relación entre esta y el pueblo, pues el compromiso con la sociedad en el que se basa esta ciencia es, teóricamente, una realidad. ¿A qué se debe entonces esa desafección que siente el pueblo hacia la política?
Pues bien, durante la transición el objetivo era claro: instaurar un régimen democrático, y este se anteponía a cualquier otro problema o interés, pero una vez alcanzado, ¿cuál es el objetivo de la política? El objetivo principal de la política es acabar con los problemas sociales y económicos entre otros, pero esto no es posible, es decir, es una utopía. ¿En qué momento puede sentirse el ciudadano inmerso en un movimiento cuya meta es inalcanzable? En ninguno, y menos cuando la corrupción, el paro y el nacionalismo se encuentran presentes y nadie da propuestas. El pueblo no puede confiar en una ciencia que no da resultados y que no es efectiva, por ello confió en su momento en ella al lograr instaurar una democracia. Sin embargo, los siguientes 41 años de la historia de España no son más que un vacío político, ¿o es que la sociedad ha progresado lo que debería en este tiempo? En absoluto. España continúa sufriendo problemas tan graves como el nacionalismo, la existencia de una ley electoral ineficaz, el descontento con el Estado de autonomías… y nadie ha hecho nada. No se sorprendan, señores políticos, si el compromiso del pueblo con la política es nulo.
2. ¿Vivimos en una democracia imperfecta o en la imperfección de la democracia?

No es que vivamos en una democracia con fallos, como es normal, sino que vivimos estancados en los fallos del sistema. Somos conscientes de que la ley electoral es un fracaso. En cambio, todos los españoles somos convocados para votar en unas elecciones que, hasta que se inviste al presidente, pueden llegar a durar 8, 9, 10 u 11 meses. Somos conscientes de la ineficacia del sistema penal en muchas ocasiones, pero en vez de emprender una reforma judicial, permitimos que se siga juzgando a quien se quiere y como se quiere en este país. Somos conscientes de que el Estado de autonomías fue una medida tomada en un primer momento para contentar a todos los sectores y así unir a España, pero en vez de trabajar en la ordenación del territorio español, decidimos ignorarlo y acusar a los nacionalistas de la ineficacia de esta medida que se puede decir que está incompleta. Entendemos la transición como lo que realmente fue, la implantación de un sistema democrático que con el tiempo debería progresar y perfeccionarse. ¿De verdad la democracia ha experimentado un progreso desde los años 80?
3. Libertades individuales.
Al igual que en algunos asuntos la democracia es muy pobre, en materia de libertades individuales vivimos en una democracia plena.
La libertad de expresión es una realidad indiscutible, prueba de ello es la diversidad de opiniones visible en nuestras entrevistas y el pluralismo político del que disfrutamos hoy en día. El matrimonio homosexual y el divorcio son legales, al igual que el aborto. Además, el art.14 de nuestra Constitución establece que “todos los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.
A pesar de todo esto, hay quien propone un retroceso en algunos aspectos y defiende que la sociedad está sufriendo las consecuencias de un liberalismo exacerbado. Dicho de otra manera, la intolerancia también tiene su lugar en la política. ¿Tolerancia a la intolerancia?

4. Nuestra opinión sobre la reforma política.
No debemos olvidar que UCD estaba integrado en su mayoría por franquistas y que fue la clave principal de la transición. Este partido promovió el desmantelamiento del franquismo mediante la ley para la Reforma Política. La reforma fue un acierto porque en ningún momento enfrentó a las distintas ideologías que había en España, sino que las unió. No como la opción de ruptura, cuyo objetivo era acabar con el franquismo no sólo como institución, sino también como sentimiento. Es por eso por lo que hoy en día es aún perceptible la añoranza que algunos sectores sienten por el antiguo régimen, en el que gozaban de privilegios y poder. Por lo tanto, no nos manifestamos ni a favor ni en contra de ninguna de las posibilidades, en su momento se optó por la reforma y funcionó, aunque hoy en día veamos sus consecuencias.
5. Falta de actuación durante la transición en temas como el nacionalismo.
El nacionalismo es un movimiento y sentimiento que siempre ha existido. En la transición no se trató de acabar con él, sino de silenciarlo. Se crearon los Estatutos de autonomía con el objetivo de complacer a todas las regiones del país, pero sobre todo a las nacionalistas, para que estas no entorpeciesen el proceso de democratización. ¿Fue esta medida un paso hacia la unión de España o hacia el fortalecimiento de los nacionalismos? Creemos que la respuesta es evidente. Los nacionalismos se han ido sintiendo más fuertes y más factibles con el paso del tiempo, que ha ido acompañado de una amplia transferencia de competencias a las comunidades autónomas, en concreto a las históricas. La construcción de un Estado de autonomías habría sido una solución si su objetivo principal e inicial hubiese sido la unión de España y cooperación de las diversidades que en ella se encuentran, y no el silencio de los nacionalismos catalán y vasco. Por todo esto, la situación de España en la actualidad no es una novedad en cuanto a este tema se refiere.
6. ¿Monarquía o República?
Independientemente de nuestra postura en cuanto a esta cuestión, la transición debería haberse completado con un referéndum sobre la forma de gobierno que se daría en España. Si es una democracia, ¿por qué no se efectuó esta pregunta a la población? Son varias las teorías y de ello hemos hablado con algún entrevistado. ¿Era el Rey intocable? Debió de serlo, por ello su continuidad en el trono, su papel en la transición y su actuación en el 23-F. Vivimos en una democracia cuyo primer paso fue restablecer una monarquía por deseo del difunto dictador y no debería ser así. Deberíamos vivir en un sistema cuyo primer paso hubiese sido la formulación de la pregunta “¿Monarquía o República?” al pueblo. Viéndolo más claro, la base de nuestra democracia es una imposición fruto de la herencia franquista. ¿Habría miedo de preguntar a los españoles algo tan herético para el franquismo?
7. La Constitución, un cimiento dinámico.
Consideramos que la Constitución fue el mayor acierto de la transición. Una ley superior a todas las demás en la que constan ideas tan relevantes como lo son la igualdad y el reconocimiento de un Estado democrático. No hablaremos de si se cumple o no, pues esto no es consecuencia de la transición ni culpa del propio documento, pero si hablaremos de que esta fue elaborada para desarrollarse con el tiempo. Recordemos que esta ley se elaboró en apenas un año, es decir, la Constitución que rige la organización en todos los ámbitos del Estado fue elaborada en un año. Por eso se creó para sufrir cambios y adaptarse a los tiempos, algo hacia lo que nuestros políticos sienten bastante respeto, pero todos ellos piensan en hacerlo.
Cabe destacar, en favor de dicho documento, que ha sido la única Constitución en la historia de España fruto del diálogo y el consenso entre todas las fuerzas políticas, puesto que todas las anteriores eran impuestas por las ideologías que ostentaban la mayoría. Así, se estableció que esta sería elaborada por 3 miembros de UCD (Gabriel Cisneros, Miguel Herrero y José Pedro Pérez-Llorca), 1 del PCE (Jordi Solé), 1 de AP (Manuel Fraga) y 2 del PSOE, que acabó siendo uno (Gregorio Peces-Barba) al ceder un puesto a Pacte Democràtic per Catalunya (Miquel Roca) para que el nacionalismo estuviese presente. Esto hace de nuestra Constitución un principio consensuado y ejemplar.
8. La distribución de la riqueza y la corrupción.
Este es uno de los grandes problemas de la actualidad y no solo a nivel nacional, sino mundial. Es obvio que hay un sector que está más enriquecido que otro y eso es algo irremediable, y más en un país capitalista. No creemos que la riqueza deba redistribuirse ni mucho menos, es evidente que en algunos aspectos sí se podría realizar una reforma, sino que se debe respetar el sistema fiscal. No puede sostener un país una élite cuya mayor preocupación es la elección de su próximo paraíso fiscal. Los impuestos son globales y progresivos y deben tributarse por todos los ciudadanos españoles. Esa es la verdadera distribución de la riqueza, el respeto hacia los impuestos. Es curioso ver que los que no pagan impuestos o los que están llenándose el bolsillo (y no por méritos propios) son los que deciden a qué van destinado el dinero recaudado o los que emprenden recortes. No se trata de recortar gastos, sino de pagar impuestos y no robar.
9. El verdadero final de la transición.
¿Cuándo acaba la transición? Teóricamente, esta finaliza en el momento en el que se reconoce mediante la ley que España es un Estado democrático, es decir, en 1978 con la aprobación de la Constitución. Fuera de los marcos legales y teóricos, situamos el fin de esta etapa el 24 de febrero de 1981, tras el golpe de Tejero. Es este el momento en el que realmente el país demuestra sus anhelos, su deseo de democracia y su intransigencia. El pueblo español plantó cara y demostró su valentía, y eso es por lo que hoy gozamos de tal democracia.
10. El pueblo español, la clave de la transición.
Para acabar, queremos hablar de algo que se ha repetido mucho durante todas las entrevistas: la cortesía y la madurez del pueblo español. Sin duda, la clave para el éxito del proceso fue la actuación ciudadana. En un momento de inestabilidad política, en el que las ideologías más reprimidas durante la dictadura afloraban con fuerza y rompían los esquemas y en el que el terrorismo se encontraba más activo que nunca, la ciudadanía no se rindió y no sufrió la opresión del terror. Las manifestaciones eran diarias y no había dolor, sino expectación y efervescencia en ocasiones. Fue muy importante el interés político del pueblo y su posición totalmente a favor de un sistema de libertades radicalmente opuesto al régimen anterior.
Con esta conclusión, ponemos fin a nuestro proyecto “Hablemos de la transición”. Gracias por su atención.
