BELÉN PAYO

Belén está diplomada en relaciones de trabajo por la Universidad de León y licenciada en Ciencias del Trabajo por la Universidad de Valladolid. Actualmente trabaja como profesora en el ámbito de su especialidad de Formación profesional y de ESO en Palencia.

¿Cómo vivió la muerte de Franco? 

Pues el día de la muerte de Franco en mi casa entró la tele, justo ese día. La viví muy impresionada y la recuerdo perfectamente porque la primera imagen que vi en televisión fue el anuncio de su muerte. Fuera de eso, se vivió como en todas las casas: con dudas, interrogantes, miedo, preocupación… Mi padre había tenido un hermano, al que le mataron en la guerra por el bando franquista, y no era nada monárquico. Era una de las personas a las que no le gustaba nada la idea de la muerte de Franco porque iba a instaurarse una monarquía.  

¿Cuál fue su postura desde un primer momento ante la legalización de los sindicatos? 

Fantástico. La persona que estaba ocupada del sindicato vertical en mi pueblo era muy poderosa y radical. Cuando una persona tiene tanto poder sobre los demás no lo puedo entender, y ya entonces no lo entendía. Me pareció fantástico que se abriesen posibilidades. Como fuimos progresando, se veía que había una necesidad de que los trabajadores pudieran expresar sus anhelos, y eso antes no se podía.  

¿Cómo recibió la legalización del PCE y del PSOE? 

Como algo muy bueno. Una variante, unas ideas nuevas y unas opciones distintas. Yo era joven y me pareció fantástica esa apertura de ideas.  

¿Cuál cree que fue la clave de la transición? 

La tolerancia y el querer entenderse, porque había ideas muy distintas, formas de actuar muy distintas, gente resentida, gente exiliada… Se dejó atrás todo eso para formar un gobierno con partidos de distintas ideologías. Me parece que la tolerancia fue la base del entendimiento. 

¿Cree que el pluralismo político ha favorecido el sistema democrático? 

Totalmente, todo lo que sea plural es mejor que una autocracia. 

¿Qué tres personajes considera usted claves en la transición? 

Suárez el primero, por supuesto. El segundo el Rey, porque actuó muy bien. Fue quien apartó a Arias Navarro y metió a Suárez. Ambos me parecieron imprescindibles. 

¿Qué pensó cuando el Rey eligió a Suárez en vez de hacerlo el pueblo? 

Sentí curiosidad. Eran años en los que la gente no tenía la información que hay ahora. Los medios de comunicación eran la prensa, para quien se la podía comprar, y la radio, que te contaba lo que quería. Se vivió con gran expectación. 

¿Cómo afectó en la economía la transición? 

Creo que le dio mucho valor. El hecho de que España fuese democrática abrió las puertas a los mercados internacionales, y así se abrieron las puertas a la exportación. Podíamos producir más, se exportaba mucho carbón, por ejemplo. Fue muy importante porque nos abrió caminos en el comercio. 

¿Fue un hecho concreto el que hizo que la sociedad pidiese un cambio o simplemente fue la dictadura? 

Creo que fue la dictadura. Lo que coartaba la libertad en aquellos momentos era el régimen. Lo que pasaba era que nadie se atrevía a levantar la voz porque toda la gente adulta que podía tomar decisiones había vivido la guerra, habían visto que al que hablaba lo mataban en la posguerra. La dictadura era la coacción. Desapareció Franco y con él el régimen. 

¿Cuál es su opinión respecto a la ley fundamental para la Reforma Política? ¿Cree que era necesaria? 

Era absolutamente necesaria porque era un paso más para abrir fronteras. Hoy en día tenemos una Constitución que se elaboró artículo por artículo y en base a nada, no había derechos. Todo eso se tuvo que elaborar y consensuar.  

¿Cree que antes de la muerte de Franco ya se sabía que el régimen no iba a tener continuidad? 

No. Se iba a intentar que el régimen subsistiese. De hecho, se intentó con Arias Navarro y posteriormente con un golpe de Estado. Había mucho miedo de que siguiese la dictadura. Creo que una de las cosas más importantes que hubo fue la valentía de la juventud. La gente salía a la calle, sabiendo que le iban a dar palos, para expresar que quería un cambio. Fue muy importante la actuación de la gente joven, los jóvenes no queríamos una dictadura. ¿Por qué teníamos que ir a Francia a ver una película? ¿Por qué había que viajar a Inglaterra para abortar? En materia laboral pasaba lo mismo, los derechos laborales estaban absolutamente condicionados, pero la gente empujaba para que aquello cambiase. Fueron muy importantes las manifestaciones, la insistencia, un día y otro. Salías a la calle y había follones en todas partes, corrías el riesgo de que te detuviesen. 

¿Realmente fue pacífica la transición? 

Sí, fue muy pacífica. Las manifestaciones siempre traen problemas, y más viniendo de un régimen dictatorial en el que los policías tenían que disolver las manifestaciones fuese como fuese, pero teniendo en cuenta que en la guerra y la posguerra se mataba a la gente porque sí, no recuerdo si hubo muchos muertos en manifestaciones. No hubo violencia como tal. 

Cuando piensa en la transición, ¿qué es lo primero que se le pasa por la cabeza? 

La suerte que tuvimos, porque si hubiésemos seguido viviendo en aquellas ideas no habríamos tenido un derecho a la huelga, la posibilidad de divorciarnos, una apertura de la economía… 

¿Cómo vivió las primeras elecciones? 

Había que ir a votar, esa era la idea generalizada. Hubo un porcentaje de votación altísimo. Fue un día distinto que se vivió con preocupación, pues se pensaba que podía haber manifestaciones, pero también fue un día esperanzador y de ilusión para los que votamos por primera vez. En esos momentos no le dimos el gran valor que tuvo después. 

¿Cómo recuerda el día en que se aprobó la Constitución? 

No lo recuerdo exactamente porque cada día pasaba algo nuevo.  

Cuando piensa en la Constitución de 1978, ¿cuál es el punto que considera más importante? 

Que España es un Estado democrático de derecho. 

¿Cree que realmente se cumple la Constitución? 

En un porcentaje muy alto sí, y más viniendo de dónde venimos. Hay normas que aún no están desarrolladas. Después de todos los años que llevamos con una Constitución, no hay una ley de huelga, no está desarrollada. Hay otros puntos muy importantes que sí se aprobaron, como los Estatutos de autonomía. 

¿Cree usted que la Constitución debería adaptarse a la actualidad y por lo tanto sufrir una serie de cambios o por el contrario cree que esta debería permanecer igual? 

Sí, todo evoluciona. Hay que cambiar muchas cosas. Por ejemplo, ahora mismo no tiene sentido cómo está establecida la elección de diputados y senadores, no es proporcional.  

¿Cree que en la actualidad hay enfrentamientos provocados por la transición? Es decir, por distintos puntos de vista sobre esta, por puntos no aclarados… 

Yo creo que son enfrentamientos normales. Es lógico que haya personas con distintas ideas. No creo que haya un enfrentamiento como tal. 

¿Cambiaría algo del proceso? 

No porque funcionó. Fue pacífica, se desarrollaron muchas normas y hemos progresado; somos un país de la UE, pertenecemos a grupos económicos importantes… 

¿Cree que en la actualidad estamos aún en proceso de transición u opina que hemos alcanzado el punto álgido de la democracia? 

Pues sí, viendo lo que estamos viviendo sí. Lo que no tiene sentido es que los políticos de hoy en día no sean capaces de ponerse de acuerdo cuando los de entonces lo lograron a pesar de la diversidad de sus ideas. Los políticos de aquellos años eran mucho más cultos y con más voluntad de Estado, ahora tienen voluntad de partido. No entendemos que un político tiene que defender los intereses de una comunidad, le haya votado o no, y hoy eso no es así, lo único que quieren es dinero y poder. Esto es lo que me preocupa, la escasez de voluntad de Estado. 

¿Considera que esta escasez se debe a la llegada de un sistema democrático? 

No, justo al revés. Son las nuevas generaciones, que no han vivido esas épocas, las que no entienden que hay que pensar en la comunidad y las consecuencias, no en el partido y en su respaldo. Esta escasez deriva de estos nuevos políticos que tienen una forma de pensar y de actuar que no es de Estado, sino de partido. 

¿Cómo vivió usted el 23-F y por qué cree que fracasó? 

Yo estaba estudiando graduado social, que ahora es relaciones laborales. Por las mañanas trabajaba y por las tardes estudiaba. La mañana transcurrió con normalidad, pero la tarde fue tremenda. Estábamos en clase y estudiábamos cosas muy nuevas: derecho sindical, derecho del trabajo, seguridad social… Éramos un grupo de personas con inquietudes sociales que podíamos tener problemas si se producía una involución. Recuerdo perfectamente, estando en clase, cómo vinieron unos cuantos profesores a decirnos que estuviésemos tranquilos, que no nos preocupásemos y que nos fuésemos a casa, que ya se vería que iba a pasar. En mi casa estuve viendo la televisión hasta la hora que se acabó y no vi el grave peligro que se estaba corriendo. Lo viví, quizá, más inconscientemente de lo que realmente era. Estaba preocupada, pero pensaba que todo aquello se iba a solucionar, que no podía darse un paso atrás. Fracasó porque se quería la democracia. Los diputados se mantuvieron en sus escaños aun siendo apuntados por una pistola, era gente que tenía vocación política y ganas de cambiar cosas. 

¿Qué papel cree que tuvo ETA en la transición? 

Creo que jugó un papel muy importante porque era uno de los problemas más graves que se vivieron. Se vivió con miedo. No conocía el País Vasco, pero mucha gente de mi pueblo había emigrado allí para trabajar. Cuando llegaba verano y volvían al pueblo para disfrutar de las vacaciones, te contaban mucho más que los medios de comunicación. En aquellos tiempos había mucho miedo. De hecho, recomiendo leer el libro “Patria”, pues narra la vida de dos familias amigas cuyos hijos se distancian, uno se integra en ETA y otro opta por llevar una vida distinta. Representa a la perfección lo que se vivía entonces. 

Este año le han hecho al hermano de una compañera un homenaje, creo que en Astudillo, porque le mató ETA. Estábamos en bachiller cuando esto sucedió. 

ETA no ansiaba la democracia y no estaba justificada en ningún momento. La violencia y la democracia son contraproducentes. La democracia trata de convivir con distintas ideas y de luchar verbalmente, no de matarme a mí, a mi hermano o a mi madre.  

¿Cómo definiría la democracia? 

Como lo mejor que puede tener un país. La democracia es igualdad. 

Y partiendo de esa base, ¿cree que vivimos en un régimen democrático? 

Sí, pero no en su totalidad. ¿En qué hay totalidad? No todo es blanco o negro, hay una gran gama de grises en medio y gracias a eso nos entendemos. Esas opciones que hay en medio deben existir.  

¿Es posible que en algún otro momento volvamos a vivir una transición?  

La transición que vivimos fue de un régimen dictatorial, que provenía de una guerra, a un régimen democrático. Eso no se va a volver a vivir, al menos en las circunstancias que hay ahora. Otra cosa es que haya un cambio, como lo está habiendo, de un bipartidismo a un pluripartidismo. Cada transición tiene sus circunstancias. 

¿Disminuye el pluralismo político la tensión social? 

Por supuesto. La opción de que haya varios partidos y de que yo pueda defender mis ideas y conseguir con mis votos que estas se apliquen me parece muy importante. Socialmente, si somos solo dos grupos estás fastidiando obligatoriamente a uno de ellos. Es mejor que haya más posibilidades.  

¿Qué figuras te parecieron claves en la transición? 

Los padres de la Constitución, esas 7 personas que elaboraron esa Constitución artículo por artículo siendo ideológicamente opuestos. Todos ellos fueron capaces de acordar que España era un Estado democrático, que era aconfesional… Tuvieron muchas agallas al entender que tenía que haber un consenso entre todas las ideas. 

¿Por qué cree que aún hay gente que defiende el franquismo? 

No todo el mundo ansiaba la democracia. Había mucha gente que vivía muy bien en el régimen de Franco, ya fuesen empresarios, curas o guardias civiles. Tiene que haber ideas de todo tipo. Hay quien te dirá con ejemplos cosas que hizo Franco que estaban bien y le defenderá. Realmente, gracias a ese régimen férreo y duro España se reconstruyó.  

¿Es democracia tolerar la intolerancia? 

Sí. ¿Por qué no voy a respetar a alguien de extrema izquierda o extrema derecha que tenga sus ideas? Puedo no compartirlo, pero lo tengo que entender. Hay que ponerse en la mente de los demás. Eso es democracia, entender a los demás. Es respetar, no apoyar.  

¿Qué opina sobre el Estado de autonomías?  

Creo que fue una idea acertada. Hay mucha pluralidad de culturas en España. La forma de vivir de un andaluz, la comida que tiene, cómo entiende la educación o cómo entiende la vida social no es igual que la de un vasco. El problema está en que se han transferido tantas competencias que se nos están yendo de las manos algunas cosas. Los nacionalismos han creído por el exceso de transferencia de competencias, lo que ha hecho que tengamos todavía más cosas distintas. En materia de policía hay una pluralidad de cuerpos de seguridad del Estado y autonómicos ha dado lugar a que se dupliquen y se desentiendan actuaciones. Hay muchas cosas que deberían estar centralizadas. Las prestaciones de la Seguridad Social funcionan perfectamente porque en cualquier zona de España vas a cobrar en tu jubilación el mismo porcentaje, eso en materia de empleo, pero en materia de búsqueda de empleo ya hay distintas normas en las comunidades y chocamos. 

¿Cree que en la actualidad hay enfrentamientos provocados por la transición? Es decir, por distintos puntos de vista sobre esta, por puntos no aclarados… 

Siempre habrá algo. Yo veo una política económica mal enfocada. Nos hemos centrado en el turismo como la principal fuente de ingresos económicos. El turismo no tiene un desarrollo y estamos promocionando servicios que generan un montón de problemas. No hemos desarrollado la ciencia o la investigación. La investigación es la clave de la riqueza de un país. Se puede formar muy rápidamente a una persona en el sector servicios, pero no se puede hacer lo mismo en la investigación. Las políticas económicas no se han desarrollado bien, me parecen un error.  

¿Cómo cree que ha influido la entrada de España en la UE al país? 

Me parece algo básico, de gran importancia. Los socialistas lucharon mucho por entrar en la UE y me parece básico incorporarse a un grupo de países que están en pleno desarrollo. Recibimos muchas subvenciones para, por ejemplo, la formación de trabajadores. La formación de nuestros trabajadores se la debemos a la Unión Europea, al igual que el intercambio de mercado o las posibilidades de turismo. Abrimos muchísimas puertas con este paso. En España no teníamos una norma, en materia laboral, de prevención de riesgos. En aquellos tiempos éramos de los países con mayor accidentabilidad laboral. Al entrar en Europa se nos obligaba a elaborar una ley de prevención de riesgos laborales y a cumplirla. El cumplimiento de una serie de normas comunes nos favoreció. Los europeos no vienen a trabajar a España porque pierden dinero, salarialmente somos más débiles. 

Para finalizar, ¿podría valorar de forma personal y global la transición? 

Para mí la transición, teniendo en cuenta que era muy joven, me ha permitido vivir en una sociedad en la que he podido hacer cosas que para mi madre eran impensables. Me parece que he vivido una época fantástica de cambio. A nivel nacional, hemos desarrollado una economía, una sociedad y una forma de cultura brutales. 

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