Acabamos los encuentros con políticos hablando con Antonio Herreros. Antonio inició su militancia en el Partido Comunista en 1965, siendo miembro del Comité Central. Fue el primer concejal del PCE de Palencia y diputado provincial. Dentro del partido, alcanzó la secretaría general en Palencia y posteriormente en Castilla y León. Cuando el PCE se disolvió, Antonio se integró en Izquierda Uniday fue coordinador general de Castilla y León. También desempeñó el puesto de procurador en las Cortes de la comunidad y presidente del Comité de Empresa por CCOO en el hospital San Juan de Dios, en el que ha trabajado durante 40 años. Más allá de la política, Antonio siempre vivió de su trabajo como médico psiquiatra.

¿Cómo vivió la muerte de Franco?
El día como tal con una gran satisfacción. Yo era una persona que llevaba 12 años militando en la clandestinidad y por ello este acontecimiento supuso una liberación para mí y para todos los comunistas. A partir de ahí no íbamos a tener que estar continuamente escondiéndonos, camuflándonos o cambiando de piso cada dos por tres.
¿Qué fue lo primero que pensó cuando murió Franco? ¿Pensó de verdad que íbamos en camino de una democracia?
La esperanza siempre se tiene. Habíamos luchado mucho. De hecho, durante la dictadura cuando se hablaba del “Partido”, todo el mundo sabía que era el Partido Comunista. El Partido Socialista había prácticamente desaparecido. Lógicamente nosotros no solo trabajábamos para liberarnos de las ataduras del franquismo, sino con la idea de crear unas condiciones para una situación democrática amplia, no como la que tenemos ahora.
¿Cómo recuerda esos años de clandestinidad?
Había que pelear. Teníamos que tener extrema cautela y prudencia, contábamos con unas normas de rigor para no delatarnos y no equivocarnos, para actuar como delegados en la facultad donde yo estudiaba medicina. Intentábamos que el impacto fuese el mínimo posible. Ahora lo vives como una etapa de lucha romántica, pero entonces era una situación muy dura. He de confesar que no tuve grandes problemas, no como compañeros y amigos míos que murieron en la clandestinidad.
Durante los 12 años era relativamente frecuente que tuviese que cambiar de domicilio cada 4, 5 o 6 meses. La policía al final siempre se enteraba, era dirigente en la facultad y no me escondía en ese aspecto. Era normal que a las 3, 4 o 5 de la mañana sonase la puerta y se tratase de la policía. Solíamos tener precaución, pero vivíamos en una situación realmente comprometida, con el rabillo del ojo siempre tratando de eludir el que nos detuvieran o nos torturaran. Así 12 años, y eso marca.
¿Recuerda algún acontecimiento puntual por su dureza durante estos 12 años?
Como ya he dicho, no tuve momentos realmente difíciles. Me detuvieron un par de veces, no pasó nada a mayores. Recuerdo que durante 2 años me registraban la casa casi mensualmente, pero todo lo que me podía comprometer estaba escondido a buen recaudo, para que no me lo quitaran y para no delatar.
Llegó un día que querían detenerme sí o sí. Se presentaron en mi casa y venga a buscar, venga a buscar y venga a buscar. No encontraron nada más que un transformador de energía eléctrica que usábamos para alimentar los cachivaches que teníamos. Entonces el policía saca un pañuelo, tapa el transformador, se lo lleva y dice: “Usted sabe bien que con esto se pueden hacer bombas”. Claro, si me reía me sacudían, por lo que le expliqué lo que era y se acabó. A veces también me tiraban la puerta porque no les abríamos mientras escondíamos las 4 cosas que teníamos. Son cosas de poca importancia comparadas con lo que vivió otra gente. El que fue responsable del PCE en Palencia conmigo, Ambrosio Ortega Alonso, estuvo 24 años en la cárcel y se escapó dos veces. Estuvo condenado a muerte en dos ocasiones, pero no le ejecutaron. Cuando salió nos encontramos y nos pusimos en marcha para organizar el Partido Comunista en Palencia.
¿Cuál fue su opinión respecto a la legalización de los sindicatos?
Yo entonces no era trabajador, por tanto, no estaba más que en el Sindicato Democrático de Estudiantes, el cual no participaba en el esquema de los sindicatos. Aunque algunos no lo quieran reconocer, fueron los militantes comunistas los que impulsaron Comisiones Obreras y se infiltraban en el Sindicato Vertical, establecido por la dictadura. Cuando eso empieza a aparecer es motivo de esperanza, de que va a haber unas condiciones que permitan llegar a la democracia.
¿Cómo se vivían las negociaciones entre el Gobierno y el Partido Comunista?
La transición se supone que es el paso de la dictadura a la democracia. Fue un pacto de silencio, de tal manera que se ocultaron la mayor parte de las cuestiones que podían acabar con la posibilidad de acceder a la democracia. Viví el proceso de negociación en una reunión que teníamos en el Comité Central, en la calle Peligros nº8, que era una de las sedes clandestinas que teníamos. En ella nos hicieron tragar con la monarquía, la bandera… sino no habría posible legalización del PCE. Confieso que se me cayeron unas lágrimas como puños porque nuestra concepción era totalmente diferente. Nuestro Secretario General, don Santiago Carrillo, bajaba, se reunía con una serie de mensajeros del Gobierno, subía y nos comunicaba que no podía ser. Estar en una situación así constantemente nos afectó de forma extraordinaria a muchos militantes del partido.
El sábado santo, rojo que nosotros lo llamamos, yo estaba en casa con mi familia. Recibí una llamada: “Antonio, ya se ha legalizado”. Estaba en Palencia, por lo que salimos y lo celebramos. Hay que entender que desde el 36 hasta esa fecha habíamos vivido en la clandestinidad, en esas condiciones que yo comentaba.
¿Cuál fue el impacto de la detención de Santiago Carrillo en el Partido Comunista?
Hay 2 versiones. Una de ellas alega que todo estaba previsto porque no se podía permitir que Santiago Carrillo, que era la “bestia negra” de la época anterior, estuviese por España como si nada. La militancia en su conjunto se echó a la calle, realizó pintadas, etc.
¿Cuál es su opinión respecto a la ley fundamental para la Reforma Política? ¿Cree que era necesaria?
Era un cuento de hadas que de alguna manera ejemplificaba el pacto de silencio que dura, aunque os parezca que no. No se podía tocar al Rey, no se podía tocar al ejército y no se podía tocar a la Iglesia. Todo tenía que ser cogido con hilos. No discuto que fuese una actitud valiente por parte de algunos como Adolfo Suárez, que se la jugó, pero nosotros planteábamos la ruptura, es decir, romper con todo lo anterior. Pretendíamos democratizar cada uno de los estamentos y de las instituciones poco a poco, pero con resultados. Hubo un pacto entre Jimmy Carter, Fraga y Willy Brandt; EEUU, el franquismo y la RFA respectivamente. En él constaba que tenía que haber 2 partidos. Entonces Willy Brandt promovió un gran desarrollo de un partido absolutamente novedoso que era el PSOE, con Felipe González al frente mediante el Congreso de Suresnes, quien apareció como un fantasma. Era mucho más fácil esto que asumir a un Partido Comunista que era el que había laborado y el que tenía potencial. Había que eliminarnos, los comunistas nunca habíamos sido bien vistos. Para ello se planteó la reforma democrática, que significaba pacto de silencio y acuerdo con todos los poderes fácticos del franquismo para no levantar las alfombras. Sin embargo, estas se están levantando en la actualidad. Tengo documentos, si hay interés, en los que queda claro que no se puede tocar la monarquía. Perdona, pero en un régimen de libertades yo quiero opinar qué forma de Estado quiero.
¿Por qué cree usted que no se dio ese referéndum para elegir entre la monarquía o la república?
Porque iban a perderlo. Así lo reconoció Suárez: “No promovimos el referéndum porque según nuestros conocimientos se iba a perder”. El dictador había elegido claramente quién tenía que ser el jefe, Juan Carlos, pasándose por encima a su padre. Franco le enseñó al Rey hasta exigirle jurar los principios fundamentales del Movimiento, las leyes fascistas. Y así lo hizo, Juan Carlos en las Cortes y delante de todo el mundo jura los principios del Movimiento. Entonces Alejandro Rodríguez de Valcárcel dice: “si no es así, que Dios os lo demande”. Pues ahí está el señor Juan Carlos, haciendo lo que le da la gana. Eso no se cuestionó como tampoco se cuestionó la ordenación territorial. Así estamos ahora con el tema de Cataluña, dándonos de golpes como tontos, cuando desde un primer momento se podría haber analizado. Lo que pasa es que se hizo una cosa rara en la Constitución, reconociendo nacionalidades y regiones, pero reconociendo sin reconocer. Como diría Santa Teresa: “Que tan alta vida espero, que muero porque no muero”. Eso son problemas que la democracia debería abordar con tranquilidad.
Por tanto, ¿cree que problemas como el separatismo catalán deberían haber sido solventados durante la transición?
Me recordaba el otro día Julio Anguita, con el que tengo mucha amistad, cuando el PSOE no sacó mayoría absoluta y nosotros teníamos 20 o 21 diputados. Yo ofrecí a Felipe González un apoyo a cambio de ponernos de acuerdo en 25 puntos, y me ignoró. Lo que hizo fue ir a hablar con Convergència i Unió, los independentistas de ahora, que han sido alimentados durante todo este tiempo por Felipe González cuando les necesitó, por José María Aznar cuando les necesitó… Si ustedes no les hubiesen ido alimentando esto no estaría sucediendo. Ahora lo que toca es sentarse y dialogar sobre distintas fórmulas de ordenación territorial: federalismo, confederalismo, estado de autonomías con desarrollo mayor, centralismo unitario… Esto no se abordó y así es como estamos.
¿Cree que era necesaria la concesión de cierta independencia a todas las comunidades, entre ellas las históricas, mediante la creación de las autonomías?
Para un inicio podía ser interesante, pero para pasar a una segunda fase, para crear un Estado federal. Creo que en la actualidad no se puede producir la independencia. Primero, porque Europa no lo admitiría y estamos en Europa, y segundo, porque la mayoría del pueblo catalán no es independentista. Ahora bien, si a mí me están pegando me exacerban, pero si nos relajamos y conducimos las cosas de manera pausada, es probable que la gente piense que está bien donde está.
Cuando se habla de la transición es cierto que se habla de un período de cambio ejemplar debido a su pacifismo, pero también es cierto que atravesó momentos difíciles como la “Semana trágica”. ¿Cómo recuerda usted esa semana?
Era un poco lo que decía antes, la “bestia negra” era el PCE y había que deshacerse de él porque todos los problemas venían con él. No se quiere decir, pero en la transición ha habido 673 muertos. Lo que pasa es que eso se intentó silenciar. Sin embargo, los crímenes de Atocha fuero tan evidentes que nadie los pudo tapar. Estábamos aún en la clandestinidad y nuestra orden fue hacer una manifestación masiva, pero en absoluto silencio y respeto a los muertos. Se quedó todo el mundo atónito porque muchos pensaban que íbamos a salir a la calle a luchar. Algunos apuntan que esa fue una de las razones que motivaron la legalización del Partido Comunista. No hay que olvidarlo, 673 muertos, pero no se habla. Por eso he hablado antes del pacto de silencio. ¿Por qué en estos momentos la Iglesia puede hacer todas las inmatriculaciones que quiera y apropiarse de todas las iglesias y conventos sin pagar impuestos?
¿Cree que la Iglesia tuvo un papel durante la transición?
El mismo que durante la guerra civil. En la guerra civil eran el cura y el guardia civil los que elegían a quién matar. Hay un libro que se titula “Iglesia S.A.”, de Ángel Munárriz, que explica muy bien el papel de la Iglesia, esta se callaba la boca y vengan días y caigan ollas. Si te fijas, cuando se encuentran un obispo y el Rey, es el Rey el que realiza una genuflexión, jamás el obispo. Esto es un indicador de qué significa la Iglesia, es uno de los que llamamos poderes fácticos. Se han manifestado en contra de la homosexualidad, el aborto, el divorcio… es decir, asuntos que deben ser derechos. Sin embargo, no alzan su voz en exceso porque se les ha cedido el gran pastel, que es la educación, con la educación concertada.
¿Cuál cree que fue la clave de la transición?
La clave yo creo que fue ese pacto de silencio. Os contaba esa reunión entre Fraga, Jimmy Carter y Willy Brandt en la que se hablaba de cómo debía ser la democracia en España. Al principio el PSOE se oponía a la OTAN, pero finalmente la aceptó. Y así es como somos partícipes en la actualidad de barbaridades que ha cometido EEUU, como la de Yugoslavia o como lo que están haciendo en Siria.
¿Cree realmente que la transición fue llevada a cabo mediante el consenso?
¿Desde el consenso entre el PP y el PSOE? Sí. A nosotros jamás nos invitaron. Os doy más datos. En un momento determinado teníamos una industria metalúrgica interesante, teníamos los hornos de Sagunto, teníamos los altos hornos de Vizcaya, teníamos la minero siderúrgica de Asturias… ¿Por qué han desaparecido? Pues porque en el pacto se privatizan todas las empresas del Estado a cambio de dinero para que los dos partidos sean hegemónicos en España. Esas empresas se vendieron sobre todo a Alemania. “ArcelorMittal” es la gran empresa alemana que dirige todo el sistema minero metalúrgico europeo, allí está toda nuestra riqueza. Nos hemos quedado con la administración del turismo y las pensiones.
¿Qué tres personajes considera usted claves en la transición?
¿Para bien o para mal?
Para que la transición se diera, ya sea para bien o para mal.
Creo que hay un personaje que se la jugó, y de hecho, el Rey al final le decapitó. Es Adolfo Suárez. Adolfo Suárez llegó incluso a invitar a Tarradellas a que viniese para arreglar el tema Cataluña, pero eso al final hizo que un partido que era prácticamente la herencia del franquismo y el hegemónico como lo era la UCD, saltase por los aires. Otro personaje, en este caso para mal, don Juan Carlos. Ayudó a neutralizar toda la transición. Sabino Fernández Campo, que era un general encargado de la Casa Real, hizo unas declaraciones que no permitió que salieran a la luz antes de su muerte, y en cuanto murió, salieron a la luz. En esas declaraciones, un relato bastante amplio, queda patente que el 23-F no fue un acto casual, sino un acto perfectamente premeditado cuya cabeza era Juan Carlos. Fue Sabino Fernández Campo el que lo paró.
¿Cómo recuerda las elecciones de 1977, las primeras tras la dictadura?
Nosotros las vivimos con gran ilusión, pensando equivocadamente que tendríamos un gran resultado. Creíamos que el pueblo nos reconocería nuestro funcionamiento durante la dictadura como oposición, lo que nos motivó a trabajar. Para mí el resultado no fue malo, alcanzamos un 10% más o menos, pero la dirección del partido lo vivió muy mal. Santiago Carrillo decía que el pueblo no nos había comprendido y yo le contestaba: “Nunca menos de lo que tenemos”.
¿Cree usted que la Constitución debería adaptarse a la actualidad y por lo tanto sufrir una serie de cambios o por el contrario cree que esta debería permanecer igual?
Yo creo que es lo normal y pasa en todos los países sin ofenderse. De hecho, cuando el PP y el PSOE han querido reformarla sin consultar con nadie, se han sentado en una tarde y han modificado el art. 135, que significa, ni más ni menos, el compromiso de España de pagar todas las deudas aunque no podamos pagar las pensiones. Pagar las deudas a la banca alemana o la francesa, que son las que nos han ayudado. Es evidente que todo hay que renovarlo, pero primero diría cúmplase lo que hay, porque no hay ninguna ley más ultrajada que la Constitución.
Cuando piensa en la Constitución de 1978, ¿cuál es el punto que considera más importante?
Hay una serie de artículos relacionados con los derechos sociales, que si se cumpliesen serían maravillosos, como los que dicen que todo ciudadano español tiene derecho al trabajo, a la vivienda, a una pensión justa anualmente actualizada, etc. Lo que ocurre es que no se cumplen.
¿Y el que cambiaría?
Me parece que sería interesante el abordaje de la ordenación del territorio, el abordaje de una reforma fiscal más audaz, obligar a que las pensiones no estén al albur de los gobiernos…
¿Qué recuerda del día en que se aprobó la Constitución de 1978?
Teníamos aún confianza. De hecho, el Partido Comunista de España invitó a apoyar la Constitución, lo cual no es óbice para que en estos momentos digamos: “Si siguen ustedes incumpliendo la Constitución, no la apoyamos”. La vivimos con cierta expectativa de futuro. Y luego con decepción por culpa de los gobiernos, que deberían encargarse de que esta no sea violada y va y concede una amnistía fiscal.
¿Cambiaría algo del proceso?
RUPTURA. Yo me voy a un piso nuevo y trato de acomodarlo en condiciones; dejo el piso viejo y con él todas aquellas cosas que no son válidas. Reformar es modificar lo que tenemos, por lo que no hay transición, hay ornamento.
¿Cree entonces que la democracia de la que gozamos hoy en día es una herencia de la dictadura franquista?
No es que sea una herencia, es que no es una democracia.
¿Cómo definiría la democracia?
La democracia es el arte de respetar las decisiones del pueblo que se recogen en una serie de leyes o una ley, la Constitución, pero no se respeta. Yo he tenido 150.000 votos en Castilla y León y un solo procurador, mientras que el PSOE ha tenido 3 veces más que yo y 32 procuradores. Esto se debe a la aplicación de la ley D´Hondt, que les beneficiaba tanto a uno como a otro. El panorama político de la actualidad sí que es un reflejo de democracia. Ahora que la hegemonía del PP y el PSOE está siendo amenazada, se habla de modificar el art. 99 para que gobiernes el que más votos tenga. Así se acaba con la democracia parlamentaria. Puedes sacar más votos que yo, pero no vas a aprobar ninguna ley.
Entonces, ¿cree que en la actualidad sí que hay pluralismo político?
Ahora estamos viviendo un pluralismo político que nunca había existido. Antes era PP o UCD y PSOE porque así lo quería la ley electoral. De esa insatisfacción surge el 15-M y la gente empieza a ponerse nerviosa porque puede haber un movimiento, fundamentalmente juvenil, que reclama que esto no es una democracia y que no nos representan. Esto deriva en una organización política llamada Podemos. Entonces, las empresas del IBEX 35, que tienen mucho poder, a través de la banca, del banco Sabadell, se ponen en marcha para crear un nuevo partido que neutralice esa corriente. Así nace Ciudadanos. Por lo cual, hay una pugna en la derecha entre PP y Ciudadanos, y hay una pugna en la izquierda entre el PSOE y Unidas Podemos. Creo que es muy interesante este panorama político.
¿Cree que en la actualidad estamos aún en proceso de transición u opina que hemos alcanzado el punto álgido de la democracia?
No, ni muchísimo menos. Nadie lo cree, por eso los medios de comunicación, con la anuencia de prácticamente todos los partidos, habla de la “segunda transición”. Todos estamos de acuerdo en que se ha avanzado algo, pero no lo suficiente. Para ello se necesita la reforma de la Constitución.
¿Cómo vivió usted el 23-F?
Me encontraba aquí, en Palencia. En cuanto supe que se trataba de un golpe de Estado reuní rápidamente a la dirección del Partido Comunista, nos sentamos tranquilamente en nuestra sede y analizamos las circunstancias. Llamé a un amigo mío que era cura y con el que había ido a la escuela de pequeño y le pregunté si nos dejaba ir a su casa a la dirección del PCE. Así fue. Allí seguimos comentado lo que teníamos que hacer y llamamos al Gobernador: “Señor Gobernador, soy Antonio Herreros, Secretario general del PCE en España, y creo que usted tiene una obligación en estos momentos: reunirnos a todos los partidos políticos y las fuerzas sociales para defender la democracia”. Cuando llegué a casa, mi compañera me comentó que me había llamado el Gobernador para que fuese. Entonces yo, con aquella sensibilidad que daba la clandestinidad, avisé a mis compañeros de que iba camino del Gobierno. ¿A quién creéis que me encontré allí? Es increíble, pero cierto: al jefe del Ejército, al jefe de la Policía, al Gobernador, a un representante de Fuerza Nueva que ni siquiera tenía representación en ninguna institución, a UCD y a Alianza Popular, los del PSOE se escondieron. Nos sentamos y expresé mi voluntad de ver el problema y arreglar las cosas. Estuvimos un rato esperando hasta que salió el Rey, y cuando este sale, el representante de Fuerza Nueva dice: “Vámonos, ya no hay nada que hacer”. La semana siguiente se publica en una revista la relación de personas a las que nos iban a llevar al Santiago Bernabéu para matarnos. Esa lista aún la tengo. En ella estábamos todos los izquierdistas y comunistas que habíamos tenido algún tipo de presencia pública. Habían cogido las listas electorales y habían dicho: “Todos los que se han presentado por el PCE, fuera. Todos los que se han presentado por el PSOE, fuera. Evidentemente, el Partido Comunista era el primero y dentro de él yo era el segundo, el primero era Brosio. Pues ahí estaba, el segundo de la lista. La cosa es que al día siguiente del 23-F, fui a hablar con el alcalde, quien también estaba muy tranquilo, y le dije que había que ponerse en marcha. Me puse en contacto con algunos de UCD, concretamente con Jesús Hervella, y nos vimos en la sede del PCE. Salimos en una manifestación en Palencia, al igual que se hizo en prácticamente todas las poblaciones de España. Insisto, hay muchas cosas que se han tapado con pactos de silencio: pacto de silencio con la OTAN, pacto de silencio sobre nuestra relación de dependencia con los Estados Unidos, pacto de silencio con la democratización de los cuarteles y de las academias militares, pacto de silencio con la democratización de la jurisprudencia…
¿Por qué cree que fracasó?
No tenían ni la seguridad ni los resortes suficientes a nivel del ejército. Milans del Bosch saca los tanques en Valencia. Hubo un gran conflicto entre dos jefes militares porque uno de ellos estaba a favor del golpe y otro en contra. Sobre todo fracasó, yo creo, porque confiaron en un sujeto que tenía algún tipo de perturbación mental. Soy psiquiatra, no digo más.
¿Usted cree que sin esos pactos habría sido posible alcanzar la democracia?
Sí, hay que tener coraje. Ahora estamos viviendo las consecuencias de estos pactos. ¿Por qué no se ha llegado a un acuerdo de investidura? Porque hay alguien que administra la transición todavía. Habréis oído hablar de la segunda transición. ¿Por qué querían hacer la segunda transición? Porque no están conformes con la primera transición porque se han dejado muchas cosas tapadas que cada poco tiempo salen a la luz y hay que resolverlas. El PSOE ha hecho cosas muy interesantes y muy importantes en materia de libertades individuales, hay que reconocerlo, pero no les hables de tocar la política fiscal ni la política económica. ¿Por qué? Porque el Partido Socialista y el Partido Popular durante todo este tiempo de bipartidismo han administrado el pacto de silencio porque les tocaba gobernar.
¿Cuál cree que ha sido el impacto en la actualidad de todas esas cosas que se ocultaron en la transición?
Tengo aquí un documento que dice: “De Linares a Villarejo, los exmandos que forman la “poli paralela” al servicio del IBEX 35″. https://www.publico.es/politica/linares-villarejo-ex-mandos-forman-poli-paralela-servicio-ibex.html
¿Qué significa? Significa que algunos policías, con el permiso del Ministerio del Interior, son los jefes de seguridad del Banco Santander, del Banco Sabadell, del Banco de Vizcaya… o de empresas tan importantes como el Corte Inglés, Bankia, el Grupo Agbar o incluso la Liga Profesional de Fútbol. Esto no se puede permitir. En cualquier país esto supone una dimisión inmediata. Se han dedicado a forrarse de dinero y a elaborar informes falsos con la finalidad de ir eliminando de la escena política todo lo que no les interesa. De esta manera queda ese bipartidismo. Otro impacto, ¿por qué tenemos que tener Rey? ¿Por qué este país, en estos momentos, tiene el mayor índice de ricos de toda la UE, pero también el mayor índice de pobres? ¿Por qué hay paro, precariedad, temporalidad…? ¿Por qué se han tenido que marchar de España 1.200.000 jóvenes? Todo esto son problemas derivados de la transición. La gente puede leer en la Constitución: “Los impuestos serán pagados por toda la ciudadanía con un carácter progresivo”. La Iglesia no paga y las grandes fortunas se hacen SICAV para tributar solo el 1% de sus recursos, mientras que un obrero cualquiera tributa una barbaridad. Se debe hacer pagar a quien tiene el dinero. Antes la relación de la distribución de la riqueza siempre oscilaba entre el 49% y el 51%. En estos momentos esta diferencia es mayor. Por ello insisto en la necesidad de una reforma fiscal. ¿Por qué en España la Iglesia goza de privilegios a la hora de pagar impuestos y en países como Francia o Italia no es así? Pues aquí nos encontramos con que hubo un concordato de la época franquista, que todavía se mantiene, que cuando se ha reformado en el 1979 la Iglesia se ha comprometido a autofinanciarse. A cambio, doña María Fernández de la Vega, ministra del PSOE, decidió que aportaríamos el 0.7 a la Iglesia.
¿Cree que la democracia capitalista que hay hoy en día es fruto de ese pacto de silencio, que llama usted, con la OTAN o cree que el pueblo lo ha querido así?
El pueblo ha tragado mucho, excesivamente. Yo no estoy de acuerdo con el sistema capitalista y estoy convencido de que la mayor parte de la población, si lo reflexionara, tampoco estaría de acuerdo. Ahora bien, nos han hecho creer que no hay otra fórmula, que otras fórmulas son un riesgo mortal. Han hiperbolizado el riesgo, como me gusta decir. La gente se ha acomodado a tragar. El capitalismo entraña en sí mismo lo que estamos observando, la gran corrupción. Hay una gran corrupción en la Banca, entre los grandes empresarios y en los gobiernos que lo permiten. Ahí está el procesamiento de, prácticamente, toda la dirección del Banco Bilbao-Vizcaya, ahí están la Gürtel o los ERE. Curiosamente, los dos partidos políticos hegemónicos han sido juzgados y condenados por reconocerse financiación irregular corrupta. Esto es connatural con el capitalismo, el gran afán de acumular dinero, dinero y dinero.
Para finalizar, ¿podría valorar de forma personal y global la transición?
Es un pacto de silencio en el cual han jugado con la amnesia, es decir, el olvido de toda la historia de nuestro país. Ha habido algunos avances, pero no ha habido un asentamiento real de una democracia participativa que nos permita un gran desarrollo como es posible y necesario para un país como España.
